¿Cuál es la política de Trump con América Latina a un año de salir electo?

América Latina, EEUU
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Por PABLO PARDO

Washington DC..- Con México: dejar el Tratado de Libre Comercio (NAFTA, por sus siglas en inglés) y obligarle a pagar por el muro fronterizo. Con Venezuela: sanciones y, al menos en una ocasión, el 11 de agosto, una posible intervención militar. Y con Cuba: restricción de la apertura llevada a cabo por Barack Obama de 2014 a 2016 por considerarla “unilateral”.

Esas son las pocas ideas que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha transmitido en relación a sus planes políticos con América Latina, a un año de haber ganado las elecciones nacionales. Dos de ellas – las relativas a México y a Cuba – se encuentran entre las propuestas de su campaña electoral y, sin duda, jugaron un papel importante, si no crítico, en su victoria hace un año. La cuestión es que una cosa es hacer campaña. Y otra, muy diferente, gobernar.

Así que la pregunta es ¿tiene Donald Trump una política exterior hacia América Latina?, y si la tiene…¿cuál es?

Puede sonar extraño. Pero no lo es. EEUU ha tendido históricamente a olvidarse de sus vecinos del Sur. En parte, porque éstos nunca le han causado excesivos problemas. Así lo explica en una entrevista Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda de Colombia, uno de los países con mejores relaciones tanto con el equipo de Barack Obama como con el de Trump.

“Históricamente en Washington ha habido una tendencia a preocuparse por los casos problemáticos”, responde Cárdenas cuando se le pregunta si la Administración Trump ve a América Latina en su conjunto o solo casos específicos, como, por ejemplo, Venezuela. “Ahora es Venezuela, igual que en otros momentos eran otros países. Eso va cambiando con el tiempo. Pero es natural y en cierto sentido explicable”, concluye.

Según esa teoría, EEUU no tiene una política coherente hacia América Latina… porque no la ha tenido nunca. No es una tesis nueva. De hecho, el fundador de la consultora de riego político Eurasia Group, Ian Bremmer, va más lejos. Desde que Barack Obama fue reelegido en 2012, sostiene Bremmer, EEUU no ha tenido una verdadera política exterior.

Eso se ha reforzado con Trump. Por dos motivos. El primero, porque el presidente de EEUU es marcadamente aislacionista. Si la política de Trump es retirar a EEUU en general de los asuntos del resto del mundo – como ha declarado el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y director de Planificación Política del Departamento de Estado con George W. Bush, Richard Haas – es difícil tener una doctrina en política exterior.

La segunda razón es porque, bajo la presidencia de Trump, el Departamento de Estado, que dirige en teoría las relaciones exteriores de EEUU, ha entrado en colapso. En ese caso, la culpa no es de Trump, sino de su secretario de Estado, Rex Tillerson. Eso, a su vez, ha abierto la puerta a que entren en acción otros agentes, como, por ejemplo, el yerno del presidente, Jared Kushner, a la hora de decidir la política hacia Oriente Medio. En el caso de América Latina, ese papel le corresponde al senador cubano-americano Marco Rubio, que, según algunos, es quien verdaderamente decide la política de Washington en la región.

Así lo ven los republicanos que se oponen a Trump. Uno de ellos es Roger Noriega, que con George W. Bush desempeñó los cargos de embajador ante la Organización de Estados Americanos y secretario de Estado Asistente para el Hemisferio Occidental. “En mi opinión, Rubio sí es quien decide, porque el Departamento de Estado está siendo incapaz de movilizar a su propia gente”, explica Noriega, sentado en una sala de conferencias de su empresa de lobby, Vision Americas. Según Noriega, el Departamento de Estado está sufriendo “de un liderazgo que no es malo, sino terrible”. Y eso genera un vacío que en la política hacia América Latina está ocupando Rubio.

Ciertamente, Washington está sobresaturado de rumores acerca de los problemas de Donald Trump para encontrar altos cargos, y hay dos instituciones del Gobierno que siempre salen a la hora de hablar de falta de liderazgo: la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Estado. En este último organismo, la mayor parte de los altos cargos siguen sin haber sido confirmados. Y eso también llega a América Latina. El secretario de Estado Asistente para la región, Paco Palmieri, no ha sido ratificado por el Senado y solo ejerce el cargo en funciones.

-Respuesta del Gobierno-

La respuesta del Departamento de Estado a la pregunta de Yahoo en Español acerca de su política hacia Latinoamérica no fue la más eficaz: su equipo de prensa envió dos links al respecto. Uno de ellos, un vídeo de Palmieri que no funciona. El otro, el discurso del vicepresidente de EEUU, Mike Pence, en la Bolsa de Buenos Aires en el mes de agosto, cuando hizo una gira por la región.

El problema de que Palmieri no esté confirmado “hace que las personas que están a su cargo no tengan clara la estrategia, y eso produce un vacío”, explica Carlos Hartasánchez, director senior para América Latina de la consultora Albright Stonebridge, cuyos dos máximos responsables, Madeleine Albright y Carlos Gutierrez fueron respectivamente secretaria de Estado con Bill Clinton y secretario de Comercio con George W. Bush. Haratsánchez coincide en que Rubio “se está aprovechando de este vacío”, pero, matiza, “creo que su influencia es menor de lo que se ha dicho”.

Este analista también cree que la afirmación de que EEUU no tiene política hacia América Latina es exagerada. “Sí hay una política, que es buena, y que es la continuación de la de Barack Obama”, sostiene, aunque, advierte, las cosas irán cambiando progresivamente, a medida que Trump vaya reemplazando a los embajadores en la región.

Previsiblemente, los mayores críticos están en el equipo de Barack Obama. En este grupo se encuentra Brett Bruen, fundador y máximo responsable de la consultora Global Situation Room, que fue con el anterior presidente director de Comunicaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional.

El dictamen de Bruen es muy simple: “Hasta ahora, no hay una política exterior en la nueva presidencia”. Y por los dos motivos antes enumerados. El primero, porque “la capacidad operacional del Departamento de Estado es un 50% de la que tenía hace un año” debido a la gestión de Tillerson. Y el segundo por falta de estrategia. Ahí, Bruen defiende totalmente la política de Obama con respecto a Cuba, aunque no con Venezuela.

“Cuando yo estaba en la Administración, debería haberse tomado una posición más fuerte en relación a Caracas”, admite. En lo que está en desacuerdo es en que Trump esté dando marcha atrás en la apertura a Cuba. “Está cambiando la política pero sin tener nada con lo que sustituirla. No parece darse cuenta de que nuestra actitud hacia La Habana fue una fuente de problemas con América Latina durante décadas. En lugar de apuntar a dos – Cuba y Venezuela – al mismo tiempo, EEUU debería concentrarse en Venezuela”, concluye.

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