¿Cada cuánto tiempo debemos ducharnos según la ciencia?

Salud, Sociedad
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Por Miguel Artime

Internet (al igual que Siri) se ha convertido en un oráculo al que acuden millones de personas cada día con la esperanza de resolver sus innumerables dudas. Google lo sabe todo. Hay una respuesta para tu consulta en algún rincón de la red. Algunas tienen que ver con la actualidad informativa: ¿Declaró sí o no Puigdemon la DUI? Otras en cambio se han convertido en clásicos intemporales: ¿Cómo curar el hipo? ¿Por qué mi marido ya no me desea? A esta última categoría temática pertenece una consulta que nunca pierde interés, y que va y viene ciclicamente. ¿Cada cuanto debemos ducharnos según la ciencia? ¡Ojo! Pregunta peligrosa. De hecho siempre que sale a colación suele producirse un debate iracundo entre los defensores del “una vez al día” (¡como mínimo!) y el resto de los mortales.

En Gizmodo acaban de tratar el tema, como antes hizo el El País en 2015, o yo mismo hace ya una década.

En todos estos enfoques encontraréis respuestas parecidas. La sociedad ha establecido una norma, principalmente por razones sociales o estéticas (más que por razones de salud o higiene) que viene a defender el “una ducha al día”. Sin embargo, ducharse con esta frecuencia, especialmente si uno tiene ya cierta edad, puede ser contraproducente. Con los años, la piel pierde grosor, firmeza e hidratación. Esto hace que el contacto diario con el agua la agriete, aportando así una vía de entrada al cuerpo para las bacterias. En realidad, a efectos de higiene, bastaría con lavarse las manos frecuentemente con jabón para evitar buena parte de las amenazas infeccionesas.

A este respecto, leo en un artículo de 2016 publicado en Time, la opinión de la doctora Elaine Larson (experta en enfermedades infecciosas e investigadora en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Columbia), quien sostiene que “ducharse eliminará tu mal olor si realmente apestas o has estado en el gimnasio. Pero en términos de protección contra las enfermedades, lavarse regularmente las manos es probablemente más adecuado”.

Lo cierto es que “apestar” es un problema, y una de las principales causas de ruptura de las parejas, por lo que cada cual debería ser conocedor del “perfume” que emana de su cuerpo. En realidad, no hay una fórmula universal que funcione para todos para impedirlo. Ponerle solución dependerá de la actividad que desempeñes, del clima del lugar en que habites, de la estación del año, del mayor o menor grado de exudación de tus poros, y de la potencia de tu olor personal. ¡Experimenta! Si la gente no se voltea para llamarte cochino vas por buen camino.

Para el doctor C. Brandon Mitchell, profesor asistente de dermatología en la Universidad George Washington: “la mayoría de la gente se lava demasiado”. En su opinión, lavarse demasiado puede eliminar los aceites naturales de la piel, así como interrumpir el ciclo vital de la población de bacterias que comprenden nuestro sistema inmunológico.

¿Pero entonces cuál es la frecuencia ideal para ducharse? Mitchell lo tiene claro. En términos de salud (no estéticos o de relax) probablemente una o dos veces por semana. Añadiendo: “nuestro cuerpo es una máquina bien engrasada de forma natural por lo que una ducha al día no es necesaria”.

Curiosamente el periodo historico en el que te toque vivir marcará tu frecuencia de lavados. Culturas clásicas de la antigüedad como la de los romanos, griegos y egipcios, adoraban acudir diariamente a los baños públicos. Sin embargo la caída de estos imperios y de sus infrastructuras acuáticas hicieron más complicado que la población accediese al agua corriente. Uno de los mayores golpes contra la higiene sobrevino en el siglo XIV en Francia, coincidiendo con las pandemias de la peste negra. En aquella época, los expertos médicos de la Universidad de la Sorbona de París declararon que el agua era un asunto preocupante para la salud.

¿La razón? El agua caliente abría los poros y por tanto aumentaba el riesgo de que cualquier persona se contagiase con la peste bubónica. Obviamente la idea era falsa y absurda, pero ya no se pudo hacer nada durante los cinco siglos posteriores.

Pero los tiempos camabian, y el acceso al agua que la industrialización trajo a las sociedades occidentales ha hecho que bañarse de forma regular vuelva a estar en boga.

En fin, ahí lo dejo. Ya podéis empezar a insultaros diciendo que en tal o cual nación nadie se ducha, y que solo los compatriotas de uno conocen de verdad lo que es la higiene. ¡Veréis qué divertido!

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